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sábado, 2 de abril de 2011

Abril de la República


Piernas de metralla en el porche de mi infancia. Boquetes de la guerra con algodón y las manos de mi madre. Abuelos y tíos lucían el hambre hablando del pan duro de la guerra. Batallas del Jarama, Brunete, la del Tajo a la altura de Aranjuez... Los años me borran las trincheras, los cosidos de la contienda, las despensas vacías y el estraperlo. Las huidas, los escondientes, los italianos que llegaron al pueblo, los primos que se marcharon a la Argentina. Cuando piensas que todo se acaba, que se pasó la página, el mundo se abre, se incendia, se inunda y vuelves a ver piernas con balas. ¿Cuál es el perfil del dolor humano?

Estamos en una guerra que aquí nos sabe a rutina televisiva sin heridas cercanas. Vivimos la paz con misiles que avanzan en buques insignia, se van las bombas de la madre patria. En las ciudades se quedan los metros, las colas por el abono transporte, los corazones solos de un Madrid que vive el desencuentro entre sus habitantes. Y cuando despertaron el dinosaurio estaba allí.





miércoles, 14 de abril de 2010

A borbotones



Aún hoy se cuestiona la herida de España, muchos la quieren olvidar y otros cuando brota la tapan a toda costa. Algunos la mantenemos viva como portadores de ese hilo rojo del que venimos.

Hoy 14 de abril de 2010 quiero compartir con tod@s un poema que escribí a borbotones hace años en Asturias en el silencio de una casa que era una aldea, reducto olvidado de la civilización, donde mis únicas compañeras eras las manzanas verdes de los árboles, la ropa tendida en la montaña, y las cortinas blancas de la casa que no paraban de volar queriendo salir de la tarde. La memoria es caprichosa y ante la falta de estímulos urbanos surgió mi
A borbotones que cuenta parte de la historia de mi familia, un conflicto entre hermanos que tuvo lugar durante la guerra civil española.

Las heridas emocionales se pueden abrir para sanar con un objetivo: hacerlas pequeñas y cada vez más pequeñas, para que descansen y se liberen de las fuerzas que antes las contenían. La vida continua.

Soy pelirroja
que raparon a mi abuela.


El pelo de mi abuela Max,
de color plata y morado
siempre fue el mío
largo, sano y trenzado.

A todos mis muertos,
los republicanos,
y los otros.
Para todos
por todos y
por mí,
soy pelirroja.