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sábado, 29 de octubre de 2011

Arriba en el árbol



Vivía en la corteza de un árbol y todo iba bien hasta que llegó el otoño-invierno. Cada mañana sacaba primero una pierna y luego la otra, las dejaba colgar desde el agujero hacia el exterior, como había hecho en verano, y lo que meses atrás era un juego se convertía, con el paso de los días, en un auténtico calvario. Las botas de agua no permitían sacar tan airosamente las piernas como las sandalias o los pies descalzos, además los calcetines de lana se quedaban tiesos, acartonados, no llegaban a cubrir las rodillas; rozando las corvas una y otra vez.

Sin embargo, la chica era testarruda, y se negaba a invernar como un vegetal. Podría vivir en la corteza de un árbol, sí, pero se negaba a dormitar todo el invierno hasta que volviera el buen tiempo.

Así que no le quedó más remedio que empezar a hacer ejercicios de respiración como calentamiento antes de sacar sus lindas y congeladas piernas del hueco redondo y áspero del árbol, que la guarecía durante las noches glaciares. Sus amigos le decían que no se quejara tanto porque los glaciares todavía no habían llegado, pero que sin duda, llegarían. Como veían que las prácticas matutinas de Piernas Locas eran cada vez más arriesgadas le regalaron para su cumpleaños unos enganches para ponerse en las botas para que cuando llegaran las nieves no se resbalara por la caída al vacío desde la oquedad de la corteza hasta el suelo blanco crujiente. La nieve con las primeras pisadas cruje, luego se ensucia y tan sólo resbala.

Pasaron las mañanas, y cuál fue su sorpresa, que a eso de las 8.30, se oían más respiraciones entrecortadas desde los árboles cercanos. No puede ser, soy la única loca que se atreve a vivir dentro de la corteza de un árbol. Te equivocas, le dijo una mañana el árbol de al lado. Puedes repetir eso contestó Piernas locas. Te equivocas, desde que los bancos se adueñaron de las casas, cada vez somos más los que vivimos en cortezas de árbol. Lo que pasa es que antes nos daba verguenza confesarlo, y en verano nadie se dió cuenta, pero ahora con este frío cuesta más mantener el secreto. ¿no te has enterado que empezamos a ser auténticos bosques urbanos?

No tenía ni idea -repuso Piernas locas- pensaba que era la única, ya que para serte sincera no se vive muy bien del todo dentro de las cortezas de árbol, y ahora con la ropa de invierno tengo menos espacio para estirar mis piernas.

Sí, además no se puede invitar a nadie, no hay espacio. Aún así yo estoy agradecido a mi árbol que me guarece por la noche de la escarcha. Me han dicho que en el Parque del Retiro son muchos los que habitan árbol, y quedan a las 6.30 para hacer sus ejercicios de respiración. Luego tienen que esperar a que el encargado de las puertas abra para que puedan salir del recinto. Algunos mientras tanto buscan las migas y las bellotas que no quieren las ardillas. Recogen las palomitas de los niños y niñas que viven en casas, y se las guardan para la hora de la comida.

Sabes que te digo amigo del árbol vecino, que yo me había imaginado un urbangarten mucho más frondoso y abundante. Fluuuuuuuuup, vaya ya he conseguido sacar mis piernas del agujero. Qué tengas un buen día, a ver qué me cuentan hoy las del call center. No me pagan nada, pero como dice mi compañera, al menos estamos claentitas por el día y el café es gratis.

jueves, 27 de enero de 2011

La botella y el diván


Me comunicaron que el siguiente paciente ya estaba en la sala, le dije al recepcionista que le pasara mientras yo iba al baño. Cuando llegué estaba ella sola sobre el diván, tenía un aspecto verde oscuro que me hizo frotarme los ojos, consulté con mi agenda y no conseguía leer bien lo que estaba allí escrito, sólo descifré con claridad Griñón, recordé que es una zona de vinos de la región con cierto prestigio y saqué toda la profesionalidad de la que dispongo y procedí con el cuestionario de rutina por ver si conseguía dar sentido a mi dolor de cabeza.

Y dígame, ¿cuál es la razón por la que ha venido a consulta? -no sin antes olisquear por detrás de las cortinas por si alguien me estaba gastando una broma pesada-. No había rastro de cámaras ocultas ni grabadoras, tampoco vi a nadie, solo estaba ella verde oscuro, con una etiqueta que decía Griñón, reserva de 2007. ¿Sería algún regalo de alguna paciente agradecida? -me preguntaba.

- Ya no soy importante, - escuché.
- Y, ¿por qué piensa que ya no es importante?- repuse de forma automática.

- Todos se van y me dejan sola, y allí me quedo huérfana sin labios que me besen, sin ojos que admiren mi color aterciopelado bajo el cristal, no siento que a nadie le importe mi aroma. Me siento abandonada doctora. ¿Qué puedo hacer?

- ¿Cuál es el motivo por el cual piensa que la rechazan?

- No lo sé muy bien, es que no llegan ni a los postres, todavía no ha llegado el primer plato, que es uno de mis grandes momentos, cuando resbalo por la copa grande de cristal fresco, y van y me dejan, se van. Pierdo todos mis encantos de la manera más triste, la flor de la vida sola, esperando. Me dan ganas de llorar pero me digo no, no llores que te aguarás y perderás taninos, entonces me entra una ira descomunal y me digo pues eso, que me avinagro, que estoy harta, que no me merecen doctora, no me merecen, me dejan tan sola.

- ¿Qué piensa que puede hacer para cambiar la situación?
- No sé, darme a la bebida. Claro que beber cocacola sería un suicidio, y yo tampoco quiero eso. Quiero sentirme plena, admirada, valorada, ¿sabe de lo que le hablo doctora?

- Sí, no se preocupe, le pasa a muchas mujeres no es la única, continúe. ¿Qué podría cambiar para mejorar su situación?

- No sé, es que estoy perdiendo protagonismo, me siento como la primogénita que tiene hermanos gemelos de repente y entonces, ya una no es nadie. ¿Qué puedo hacer?

- Para que funcione, tiene que ser usted quien determine la solución, nadie mejor que usted para saber cuál es la mejor actitud. Lo que es bueno para mí, no tiene por qué ser bueno para usted, ¿por que no le gustaría que yo decidiera qué coche tiene que comprar, verdad?

- No claro, ya soy mayorcita como para saber que un coche con dos puertas se me queda pequeño.

- Pues eso, que su vida nadie mejor que usted para decidir si hay que girar a la derecha o a la izquierda. La responsabilidad es un grado de madurez.

- Si yo ya pasé esas pruebas doctora. Y mire que redujeron hasta 0.28 creo y no hubo ningún problema, incluso me bebían con más placer, en pequeños sorbitos, yo le diría que a mí esa ley me hizo sentir bien, más porque yo lo valgo, ¿me entiende?

- Disculpe, cierre los ojos y relajese, respire lentamente y sienta el comfort del diván, yo voy a salir un momentito a fumar y ahora en seguida retomamos la terapia.

- Lo veeeeeeee, todos me abandonan, maldita ley.

sábado, 22 de enero de 2011

Semillas y enzimas

Fotografía de Minako Tasaki
www.minakotasaki.com

He perdido mi cofrecito donde guardo mis semillas y enzimas. Abro una cajita de madera y encuentro unas pequeñas reflexiones que me invitan a pensar: ordeñar una vaca ya no es un oficio es una máquina. Beber leche es un misterio que olvidé cómo procesar.


Tal vez, si recuperara las botas de goma, la lechera de metal y volviera al establo, quizá sería capaz de encontrar la lactasa entre los granos de trigo y las miles de plumas de las gallinas, que siempre, inevitablemente, huelen mal. Mis manos son jardineras, y algún día descubriré también la semilla perdida de la paz.

Miro los rombos grises de las aceras de mi ciudad y creo que mi infancia fue un sueño: ¿dónde están los gallos de pelea que comían tomates estallados de puros rojos? ¿en qué fuente está el flan de ocho huevos de gallinas de corral? El potaje en puchero, las torrijas de leche, la maicena antes de acostarnos, ¿dónde, dónde están? ¿Existirá un lugar donde se suba a la troje para explorar el territorio prohibido? Con el fin perverso de poder volver a pecar de puntillas, con sigilo, y recuperar los tesoros de la inocencia: las patatas dispuestas sobre el papel de periódico, los botes de tomate en conserva, los trozos de jabón de aceite y sosa de mi abuela, sabia Max..., la ristra de ajos, el ventanuco por el que ver llover y oler a tierra mojada. Sucesión precisa de objetos aparentemente inertes y con movimientos de crecimiento lento: las raíces verdes de las patatas viejas, la fermentación de las conservas, los juguetes caídos del tambor de 5 kilos de Colón... Todos guardan silencio y besan telarañas en su idilio perenne con el tiempo que pesa remolón, y siempre, verdugo de la vida.

Sospecho que ese cofre vive ya en la profundidad de mi mar particular. Y junto a mis grandes tesoros está la lactasa y la cuerda de saltar a la comba. Aunque me digan ahora que esa pérdida se llama modificación genética, mi niña rebelde no les cree. Me voy a la poza en plena noche, por un camino sin farolas que me conozco piedra a piedra, rama a rama. Me siento sobre mi piedra favorita a escuchar croar a las ranas, a mirar la vía láctea, a tirar cantitos y pedir deseos: semillas y enzimas para recuperar el queso, la entrada triunfal en nuestras vidas de la paz sin pastillas, sin pistolas, sin vuelta atrás.

lunes, 11 de octubre de 2010

La vía muerta despierta


Anoche crucé la línea y me encontré a viejos amigos que se calentaban alrededor de la hoguera, me recibieron con alegría y el pasado se fundió en un mal sueño que apenas ahora recuerdo.


Esta vez cruzar fue como la vez primera, equilibrando mis pasos con los tacones, que ventajas del tiempo ya no me quedaban grandes. Los collares largos de cuentas rojas, regalos de la hospitalidad Bahíana, me animaban a seguir adelante. Me agarraba a ellos como quien se aferra a su talismán más querido, sin embargo, no mostraba ya ni tan siquiera una pizca de mis miedos. Caminaba segura con mis zapatos rojos de tacón ancho por la línea de acero.

Iba cruzando los raíles de mi vida, recuperando el pulso, la dirección. En el bolso llevaba guardado el rumbo envuelto en papel albal para que no se mojara, para que no se me perdiera, para que sonara en las máquinas infrarrojas de la frontera, sabiendo ya que el rumbo no se quita, como quién se despoja de las botas y el cinturón en un aeropuerto, lo siento esta vez ya no. Me operaron de la columna y los sentimientos y ahora tengo que ir siempre con esta bolita de papel albal, ustedes comprenderán que me va la vida en ello. El hombre de la aduana me guiñó un ojo y consintió en que mi rumbo se quedara conmigo al otro lado de la línea.


El caso es que yo ya había soñado a mis pies calzados en altura bambolearse, sin detenerme, sin dudas, sin rozar siquiera las traviesas de la vía férrea. Recordaba el color rojo de mi collar largo de semillas pintadas. Hace años que sentí ese movimiento impreciso de caderas, antes también fui equilibrista con la vida.

Le di la mano al pirata más grande del mundo, le reconocí por su barba de bucanero. Esta vez había recuperado la pierna izquierda, ya no cojeaba, avances de la ciencia supongo. Sus abrazos habían ganado anchura, su pelliza negra de cuero seguía siendo tan protectora como siempre, su botas negras imponentes, esta vez, no me daban miedo. Ya conocía el calor de sus manos, y la profundidad de aquellos ojos color aceituna, ese hombre de aspecto maléfico era mi amigo, me estaba esperando después de tanto tiempo.


Izamos las velas del barco de los sueños: destino a la realidad. Llamámos a toda la tripulación dispuesta a emprender de nuevo viaje, sonreímos a nuestra bandera y desde lo alto del mástil le grité de nuevo al mundo: la función va a comenzar. Como por encanto o por viento nuevo, el escenario volvía a estar bajo mis pies, vi las boquicaras de un público entregado y supe que ya no volvería a dejar jamás mi vocación: el teatro.

sábado, 5 de junio de 2010

La cajita de madera de Anita Free



Para darse cuenta de lo que realmente está pasando dicen que lo mejor es darse un golpe, yo me acabo de fostiar hace 35 minutos con el pico de la ventana, al levantarme de forma súbita
del letto protetor con el fin de hacer un pis nocturno fuera de guión. Yo y mis temperamentos, héle ahí, hemos hincado mi cabeza somnolienta contra el pico de la ventana a medio abrir. Esto es empezar bien el verano... ¿Será que me tengo que dar cuenta de algo importante?

Afortunadamente, ya lo tengo todo controlado, pero me estaba acordando de lo que dijiste ayer cuando estábamos en el coche, eso de tener un vecino majete como garantía para vivir más tranquila al estilo single, pero claro, aunque me salga sangue por la cabeza, a estas horas no era plan de despertarle. Por muy majo que sea, son las cinco de la mañana. Todo esto ha sido un poco caótico, tenía alcohol, sí, porque tengo varias botellas de alcohol en el baño, pero no encontraba el resto del botiquín. A la hora de la verdad, no tenía algodón, ni betadine, aún así, mientras me apretaba fuerte mi cabezota con sangre, seguía buscando, algodón, un kleenex... Si tuviera un bastoncillo, en la casa del año pasado los bastoncillos los tenía en el baño en el mueble de la derecha, pero ahora no estoy en esa casa. Joder, ¿dónde tengo los bastoncillos?, ¿en el sótano? o tal vez, ¿los tiré porque está fatal limpiarse los oídos con bastoncillos? El betadine, necesito betadine, el bote chiquitín de emergencia de cuando me fui a Brasil en 2006, mierda, está todo en una cajita de madera monísima en casa de mi madre, no me la traje, al final, con tanta casa, no me la traje. Ya tengo el kleenex, chorrazo de alcohol, me estoy cabreando esto no empapa, no sé cómo es de grande o pequeña la herida, apríetate Anita, apríetate que así no sale tanta sangue. Está bien, tranquilidad, a grandes males, grandes remedios, échate un buen chorro de alcohol, directo en tu linda cabezota que duele, acierta Anita, acierta, joooooder, se escurre, se escurre, no no, al ojo no, idiota no, hoooostia puta: escuece, escuece, mira que voy a tener que llamar a Alex para que me dé algodón y que me diga qué gravedad tiene esto.

Mierda, mierda son las 5.15 de la mañana, el ambulatorio está cerrado, si sigo con la sangue tendré que ir a la Paz, en bici, eso sí, sin casco y apretándome, a ver, ay mastuerza, cómo me escuece el ojo, ah, ah, ya lo tengo: los circulitos antimaquillaje hace tanto que no los uso que no me acuerdo ni de su nombre, los circulitos, los circulitos son como de algodón, mejor que la mieeerda esta de kleenex cutre de semáforo que no empapa. A ver, a ver, ah, lo intento de nuevo, si tendrían que estar aquí los bastoncillos, en estos cajoncitos, anda mira, pero si tengo aquí una movida del kit de emergencia de Brasil 2006, un spray betadine post-moderno que escuece un carajo... Decidido, me lo enchufo y con cuidado porque dos agresiones al ojo pueden ser fatales. A ver, a ver, no llego a verme, el lavabo me impide acercarme lo suficiente, no, por mucho que me espachurre la tripa, no llego, hay que joderse, y son las cinco de la mañana, y todo por un puto meo inoportuno. Bueno, me voy al espejo del salón, porque afortunadamente, en esta casa tengo salón y con espejo. Quiero ponerme hielo, joder, ¿a ver cómo es esto?, ¿tendré que ir al ambulatorio? ¿Abrían a las 8.00 ó a las 9.00? ya no lo recuerdo. Será a las ocho, ¿a ver qué me he hecho?... aaah, uhmmmmm, bueno, esto ya ha remitido, es poco, es un punto, un costrón con la gomina fungicida esta que me he echado. Hostia el ojo está muy rojo, pa mí que se me ha evaporado el alcohol, y el trozo de papelito higiénico ha sido reabsorbido, ¿dónde está? ya no lo veo.

Voy a pasar del ojo, esto está bajo control, por cierto, no me puedo olvidar de la movida del hielo. Rápido, el hielo inmediato empaquetado que me regaló Chusa para la inflamación de las encías, ¿dónde lo puse?, joder, no me acuerdo, ¿en la cocina? Mira a estas horas no me voy a poner a buscar. Pues vaya, mira que no hacer el botiquín de emergencias, mira que en todas mi casas tenía muy claro mi botiquín, en mi cajita de madera preciosa, que me encontré en la calle una navidad, seguro que la botella de vino estaba riquísima, porque la caja es super bonita. Mira, que no, que no lo voy a buscar, simplifícate Anita, esto ya lo tienes controlado, ey! campeona, well done! Nada, nada, algo rapidito, unos hielitos, a ver, sí aquí están, una bolsita para congelar alimentos, en el primer cajón junto al fregadero, qué control Anita, así me gusta, todo controladito, sola en casa, pero todo controlao.

Bueno, va, ya no me duele, voy a poder dormir sin desangrarme, ya no tengo que ir en bici a la Paz a ver pasar las horas, bueno, pues hala a la camita, ... sí, y una mierda, primero voy a abrir la dichosa ventana de par en par y no medio entornada, que mañana me vuelvo a fostiar. Joder, una herida encima de otra herida, eso sí que duele. No, voy a abrir la ventana ya. Anda, pero si tengo aquí a mi pequeño Mac, bueno como ya no me voy a dormir así como así... voy a ver si alguien está conectado a mi blog.... aaah! Qué vida más tonta y vaya pis más gilipollas, la verdad. Mañana quiero recuperar mi cajita de madera, linda y funcional. ¿Será que más que redecorar mi vida las casas se nos acaban demasiado pronto? Al menos a mí. Y ahora a dormir con el hielo en la cabeza para evitar descubrir otras certezas con puntos finales más escabrosos.




martes, 23 de febrero de 2010

Jugando con la madeja del tiempo

Una bella historia es la semilla de miles de bellas historias, del calor del fuego a lo alto del universo. Mari Carmen tus simientes me recordaron esta narración mítica, espero que te guste.



Es de noche y Penélope deshace los hilos del día
semanas de urdimbres tejidas con impaciente espera.


Las lanas van y vienen
los brazos oscilan de un lado al otro
mi hermano y yo mirándonos con ojos monótonos
los brazos extendidos
expuestos a los dictados de la madeja
derecha izquierda
izquierda derecha
tum tum
pared contra pared y al fondo, la chimenea.

En un ir y venir nocturno de lanas
la mano ágil de mi abuela
para el juego del tentetieso,
el ovillo está hecho.
Ya está niños, es suficiente por hoy.

Penélope en cambio trajina sin descanso.
Sus noches de telarañas
consumen la vela de la esperanza
su corazón es más intenso.

Saltan chispas de los sarmientos encendidos
miro por el hueco negro de la chimenea y en lo alto, el universo.
Todos los deseos alumbran la noche. Creo en la magia.
Salgo al jardín estrellado y oscuro.
Escucho las voces nocturnas de Penélope:

Déjame que te quite las telarañas amor
Esas marañas de silencios y distancia que nos enredan

Ven
Quítame los velos de rencor y pudores
Deslízate como jabón mojado y
Hagamos espuma con las manos

Pompas de saliva
Bocas de Besugos adosados
Besos de mariposas
Ojos de cíclope

Sésamo sesamé

Ven
Déjame que te quite

las telarañas amor.

Hace frío, pero antes de volver al fuego de la casa
pido a las estrellas que los encuentros tengan lugar.

martes, 16 de febrero de 2010

Caperucita frente al fuego

















Recoja todas sus balas, no necesitamos defensa.
Doble, pliegue a pliegue, su orgullo herido. Cambie
las sábanas de sus noches sin estrellas y

entréguese a la pasión del amor en su casa,
le dijo descalza y con las gafas puestas.

El cazador anduvo hacia atrás y cerró la puerta.
Ellos, sin embargo, continuaron frente a la chimenea
observando el devenir del fuego.

Feroz, me gusta verte tan atento a lo importante.


Y dando tumbos de sueño recorrieron, una vez más,
los pasillos del amor.



Contribución de Toñi

martes, 19 de enero de 2010

No fueron tus manos, sino las mías


Cuando tenga una hija se llamará Nelken. Han pasado los años, y yo soy Nelken. Si volviera a nacer me gustaría ser negra para tener su voz y desgarrar la noche del Contra-club. Muchos inviernos han roto las páginas de los calendarios, cuando hay luna llena y las nubes lo ocultan todo, dicen que mi canto sabe al barro del Mississippi.

Si fuera rica sería mecenas y haría una comunidad de artistas. Desde hace años autogestiono mis proyectos culturales, todos saben que soy una artista en la tierra que gana su buen dinero. Si tuviera un espacio escribiría todo el tiempo. Ahora tengo las agujas del reloj a mi disposición, una chimenea donde mirar y escribo porque quiero.

Querida Nelken he construido una realidad maravillosa, la que siempre soñé para ti, motor de mis proyectos. Gracias por no venir a mi encuentro y dejarme ser el cuerpo de tan bello nombre. Al final, el paraíso fue construido, y no fueron tus manos, sino las mías quienes materializaron todo mi presente.

sábado, 26 de diciembre de 2009

El espejo mordido

Mila, guapa. No me preguntes el por qué, pero me apetece dedicarte este relato corto y compartirlo con todos vosotros. Creo que os puede gustar. Aprovechando la resaca navideña, aquí os dejo este Espejo mordido y recordad, el cava es más saludable que la nataza del roscón, por mucho que lo nieguen en la DGT ;-D

El Espejo mordido

De tanto mirarme en los escaparates y no encontrarme decidí no volver a ir de compras. Un pequeño e incesante susurro me perseguía:
Escapa y rápate, aquí la ropa es menguante.


Por las noches peinaba mi pelo abatido y volvía a escuchar aquella voz; me miraba en el espejo del baño y no me reconocía. Anduve por las calles con el paso largo y de frente, debo confesar que evitaba todo tipo de reflejos espantada. Me pedían fotos y enviaba cualquier recortable que adjuntar. Antes de acostarme me echaba crema y al no reconocerme las muecas huía hacia la almohada y me enterraba en el edredón.


Una mañana encontré la máscara; el rodillo del polvo compacto, el collar de perlas, la camisa blanca y el polo azul marino. Recogí con guantes de látex todos aquellos artificios; las planchas del pelo, las mascarillas y las cremas de noche. En una gran bolsa de basura, metí todos los contratos con empresas anteriores, descuarticé el dni y me reservé un pasaporte a punto de caducar. Antes de cerrar la puerta, resolví que era fundamental recuperar también los zapatos de tacón y el abrigo ejecutivo; todo bien acomodado en una bolsa de basura perfumada. Revolví, revolví y revolví, como las brujas dan vueltas a su poción, fui abriendo todos los cajones, saqué todos los fulares de la chistera del mago, maté a todas las palomas, rompí todas las cartas. Dejé la casa limpia de rasgos extraños, ya no había propiedades; ni tuyos, ni suyos, ni míos. Rompí todos los espejos. Me mordí un brazo y me solté el pelo.


Desposeída de todo lo irreconocible busqué el contenedor más alejado de la ciudad y tiré gran parte del contenido envuelto en plástico. Sin embargo, al ver los zapatos de tacón decidí quedármelos para darles otro destino distinto al triturador. Corrí con la bici como nunca antes, hacía frío y empezaba a oscurecer, me di cuenta de que no había llegado ni a comer; no importaba, estaba alimentando otras hambres, ocultas en una cara de cartón pluma del Body Shop. Me fui a una parte oscura del río, bajo la luz amarillenta de una farola desportillada, miré de nuevo aquellos zapatos de oficina y bolso a juego, esos taconcitos imposibles que guardaba junto al archivo para cuando llegaban las visitas. Con gran agitación lancé uno al agua; al principio flotaba, tiré una piedra para que el agua venciera la punta y naufragara hacia lo más profundo de la profundidad sucia del río urbano, vista la lentitud del espectáculo, tiré el siguiente taconazo con una gran piedra dentro. Una vez desaparecieron en el agua oscura los bolsos repletos de carmín busqué un sitio apropiado para aparcar la bici, metí las llaves del candado en el buzón de un nombre que decía que su dueña vivía sola, y salí escopetada en un taxi hacia el aeropuerto, sin maleta.


Me lavé la cara varias veces con un jabón en crema que prometía más limpieza por su olor que por su textura, al rato, recordé que en los aseos de los aeropuertos no suelen tener jabón de glicerina, precisamente. Me enfrenté a mi enemigo número 1: el espejo. Finalmente, éste me ofreció un resultado que me convencía. Junto a mi cara estaba la sonrisa una señora de aspecto alemán, rubia y con gafas pequeñitas. Acabó pausadamente de pintarse los labios rojo Paloma Picasso y me preguntó si me esperaba alguien en Brisbane, la imagen del espejo recobró mi sonrisa del 2003 fresca y austera, sin máscara, sin preámbulos, ni pasados o futuros. Así fue cómo el espejo mordido contestó en alemán que el encuentro ya había tenido lugar.

martes, 22 de diciembre de 2009

No había ningún radiador en la casa

Recibió un sobre con las llaves de la casa, acababa de entrar el invierno y había nevado. Decidió prescindir de equipaje e inaugurar su nuevo hogar. Cuando llegó, observó estremecida que no había ningún radiador en la casa. Fue al coche y trajo una manta de viaje. Sobre el colchón frío de la habitación glaciar le pesaba su decisión impulsiva. En su afán por vencer a las bajas temperaturas se puso las manoplas de calcetines y éstos de guantes con el fin de favorecer la circulación de la sangre. No dio resultado.

Abandonó la habitación iglú y se fue al salón nevera. Miraba la chimenea vacía, sin troncos, sin fuego. Cual indio arapahoe, decidió ponerse a saltar en círculo en torno a la mesa desnuda; sin flores, sin cena. El movimiento le hacía sentir mejor; empezó a cantar a Wakan Tanka y recordó el baile al sol. Las vibraciones corporales le devolvieron el contacto con la madre Tierra, que aunque nevada, algo de calor transmitía. ¿O tal vez la flama procedía de su propia energía y su deseo por acercarse al sol de agosto? Las neuronas se congelaban por minutos y tenía que salvarse cómo fuera haciendo uso de su ingenio.

La plaqueta de la cocina seguía siendo fría y hostil. Buscó el calor del horno. Cuando apenas había metido la cabeza en un intento de conseguir atemperar las estalactitas de sus orejas y de paso alisar su pelo, de repente, se sintió sorprendida, congelada. Se revolvió sobre sí misma dentro de la parrilla, sobrecogida. Escuchó cómo abrían la puerta de entrada, una luz de linterna le cegó. Al rato las sirenas dejaron de sonar. Levantó las manos, cómo había visto hacer en las películas, y sólo dijo: !
no había ningún radiador en la casa!!