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sábado, 29 de enero de 2011

Actuación de El hilo en la Open House Party 2011 de Píldora Creativa




El pasado 15 de enero tuvo lugar la Open House Party 2011 de la Píldora Creativa, en su sede Espacio de Acción Creativa, en la calle normas número 7 de Madrid.

Acudieron al evento invitados muy variados y entusiastas que se dejaron llevar por una decoración sensorial y artística. En las paredes del Espacio de Acción Creativa se colgaron obras coloridas de Karla Frechilla, motor generador de este espacio, y que colaboró posteriormente en la actuación de
El hilo, pintando sobre metacrilato y en negativo a Penélope tejiendo el tiempo, es decir, con efecto espejo para que los espectadores vieran el resultado final desde la primera pincelada.


También presentaron una selección de sus obras Natalia Auffray, Elisa Piñeiro, Sandra Gobet, y Belén Gómez. La ambientación sensorial exclusiva de Sara Lostum favoreció entrar en un viaje lleno de sonidos, olores, colores y sabores. Tanta creatividad reunida facilitó la comunicación de una forma natural entre los asistentes que muchos no se conocían de forma previa. Así fue esta primera intervención en 2011 de la Píldora Creativa:

Instalación de Elisa Piñeiro

Vinieron desde Barcelona la Fundación Carpetania a grabar el evento y la performance de E
l Hilo donde confluyeron tres tipos de estímulos. La voz de Nelken Rot se fundió con la música del teclado de Juan José Urbansky y juntos lograron cautivar al público al hilvanar puntada a puntada, cosiendo y destejiendo las palabras y las notas de El Hilo. En ocasiones, estos artistas del espacio sonoro plantearon al nutrido público asistente el dilema sobre dónde centrar su atención, ya que al unísono Karla Frechilla iba trazando las líneas de tiempo en el telar de Penélope.

Elisa Piñeiro, Sara Lostum y Juan José Urbanski


Los chicos de la Fundación Carpetania





También contamos con la presencia de Curro Corrales, uno de los coautores del poemario El hilo, obra que trata sobre la decisión de permanecer y esperar de Penélope, que finalmente, vivió un encuentro emotivo, no sin antes recorrer un universo filosófico y de apuesta por el deseo como motor de realidades y generador de encuentros. Sin embargo, no pudo asistir a esta presentación María Sevilla la ilustradora de este libro tan cuidado.


Pincha sobre las imágenes para leer los textos de El Hilo

Curro Corrales

La performance que duró 30 minutos escasos recibió una inmejorable acogida por los asistentes, que recibieron con sorpresa la continuación de la fiesta Open House con la intervención de la bailarina Laura Biedma que, gracias a su dominio corporal y las claras influencias de la danza teatro de Pina Bausch, transformó con una rapidez pasmosa el espacio mítico en un ambiente robótico, glamuroso y underground con su espectáculo Muñeca. Su caracterización fue impactante, cobrando fuerza en la medida que se despojaba de sucesivas pelucas, y su cuerpo se deslizaba con gran habilidad desde el escenario hasta la platea para asombro de todos los espectadores que quedaron fascinados y dieron por finalizada la jornada de sábado con una gran sonrisa y ganas de volver al Espacio de Acción Creativa.




Fotografías cortesía de Miguel Garrido y Ángeles Comba

Para contratar actuaciones de El hilo contactar con: urbangarten@gmail.com

Espacio de Acción Creativa es una escuela con una amplia programación de talleres que cubren un amplio abanico de especialidades: pintura, fotografía, yoga, música, escritura, voz, danza, cuentacuentos...


Está en la calle normas 7, justo en la salida del metro de Avda. de la Paz, Línea 4 (es una calle cortada que continúa a la Avda. de Ramón y Cajal).

Para obtener más información sobre la programación puedes ir a: www.pildoracreativa.com
Para reservar tu plaza puedes contactar en: info@pildoracreativa.com




viernes, 28 de enero de 2011

Poleo



Giro la cucharilla, y todo es poleo.
Poleo, morfeo, azahar, manzanilla...

Lozanos los campos y la fuente primera.
Endrinas de árbol y caballos de dibujo.
Bajadas corriendo por los campos de poleo.
Lomas de hierba morada, crepúsculo de poleo.

Retiro la bolsita de poleo urbano.
Giro el corazón y bebo del caño
de la fuente primera.

Poleo, morfeo, azahar, manzanilla...

jueves, 27 de enero de 2011

La botella y el diván


Me comunicaron que el siguiente paciente ya estaba en la sala, le dije al recepcionista que le pasara mientras yo iba al baño. Cuando llegué estaba ella sola sobre el diván, tenía un aspecto verde oscuro que me hizo frotarme los ojos, consulté con mi agenda y no conseguía leer bien lo que estaba allí escrito, sólo descifré con claridad Griñón, recordé que es una zona de vinos de la región con cierto prestigio y saqué toda la profesionalidad de la que dispongo y procedí con el cuestionario de rutina por ver si conseguía dar sentido a mi dolor de cabeza.

Y dígame, ¿cuál es la razón por la que ha venido a consulta? -no sin antes olisquear por detrás de las cortinas por si alguien me estaba gastando una broma pesada-. No había rastro de cámaras ocultas ni grabadoras, tampoco vi a nadie, solo estaba ella verde oscuro, con una etiqueta que decía Griñón, reserva de 2007. ¿Sería algún regalo de alguna paciente agradecida? -me preguntaba.

- Ya no soy importante, - escuché.
- Y, ¿por qué piensa que ya no es importante?- repuse de forma automática.

- Todos se van y me dejan sola, y allí me quedo huérfana sin labios que me besen, sin ojos que admiren mi color aterciopelado bajo el cristal, no siento que a nadie le importe mi aroma. Me siento abandonada doctora. ¿Qué puedo hacer?

- ¿Cuál es el motivo por el cual piensa que la rechazan?

- No lo sé muy bien, es que no llegan ni a los postres, todavía no ha llegado el primer plato, que es uno de mis grandes momentos, cuando resbalo por la copa grande de cristal fresco, y van y me dejan, se van. Pierdo todos mis encantos de la manera más triste, la flor de la vida sola, esperando. Me dan ganas de llorar pero me digo no, no llores que te aguarás y perderás taninos, entonces me entra una ira descomunal y me digo pues eso, que me avinagro, que estoy harta, que no me merecen doctora, no me merecen, me dejan tan sola.

- ¿Qué piensa que puede hacer para cambiar la situación?
- No sé, darme a la bebida. Claro que beber cocacola sería un suicidio, y yo tampoco quiero eso. Quiero sentirme plena, admirada, valorada, ¿sabe de lo que le hablo doctora?

- Sí, no se preocupe, le pasa a muchas mujeres no es la única, continúe. ¿Qué podría cambiar para mejorar su situación?

- No sé, es que estoy perdiendo protagonismo, me siento como la primogénita que tiene hermanos gemelos de repente y entonces, ya una no es nadie. ¿Qué puedo hacer?

- Para que funcione, tiene que ser usted quien determine la solución, nadie mejor que usted para saber cuál es la mejor actitud. Lo que es bueno para mí, no tiene por qué ser bueno para usted, ¿por que no le gustaría que yo decidiera qué coche tiene que comprar, verdad?

- No claro, ya soy mayorcita como para saber que un coche con dos puertas se me queda pequeño.

- Pues eso, que su vida nadie mejor que usted para decidir si hay que girar a la derecha o a la izquierda. La responsabilidad es un grado de madurez.

- Si yo ya pasé esas pruebas doctora. Y mire que redujeron hasta 0.28 creo y no hubo ningún problema, incluso me bebían con más placer, en pequeños sorbitos, yo le diría que a mí esa ley me hizo sentir bien, más porque yo lo valgo, ¿me entiende?

- Disculpe, cierre los ojos y relajese, respire lentamente y sienta el comfort del diván, yo voy a salir un momentito a fumar y ahora en seguida retomamos la terapia.

- Lo veeeeeeee, todos me abandonan, maldita ley.

sábado, 22 de enero de 2011

Semillas y enzimas

Fotografía de Minako Tasaki
www.minakotasaki.com

He perdido mi cofrecito donde guardo mis semillas y enzimas. Abro una cajita de madera y encuentro unas pequeñas reflexiones que me invitan a pensar: ordeñar una vaca ya no es un oficio es una máquina. Beber leche es un misterio que olvidé cómo procesar.


Tal vez, si recuperara las botas de goma, la lechera de metal y volviera al establo, quizá sería capaz de encontrar la lactasa entre los granos de trigo y las miles de plumas de las gallinas, que siempre, inevitablemente, huelen mal. Mis manos son jardineras, y algún día descubriré también la semilla perdida de la paz.

Miro los rombos grises de las aceras de mi ciudad y creo que mi infancia fue un sueño: ¿dónde están los gallos de pelea que comían tomates estallados de puros rojos? ¿en qué fuente está el flan de ocho huevos de gallinas de corral? El potaje en puchero, las torrijas de leche, la maicena antes de acostarnos, ¿dónde, dónde están? ¿Existirá un lugar donde se suba a la troje para explorar el territorio prohibido? Con el fin perverso de poder volver a pecar de puntillas, con sigilo, y recuperar los tesoros de la inocencia: las patatas dispuestas sobre el papel de periódico, los botes de tomate en conserva, los trozos de jabón de aceite y sosa de mi abuela, sabia Max..., la ristra de ajos, el ventanuco por el que ver llover y oler a tierra mojada. Sucesión precisa de objetos aparentemente inertes y con movimientos de crecimiento lento: las raíces verdes de las patatas viejas, la fermentación de las conservas, los juguetes caídos del tambor de 5 kilos de Colón... Todos guardan silencio y besan telarañas en su idilio perenne con el tiempo que pesa remolón, y siempre, verdugo de la vida.

Sospecho que ese cofre vive ya en la profundidad de mi mar particular. Y junto a mis grandes tesoros está la lactasa y la cuerda de saltar a la comba. Aunque me digan ahora que esa pérdida se llama modificación genética, mi niña rebelde no les cree. Me voy a la poza en plena noche, por un camino sin farolas que me conozco piedra a piedra, rama a rama. Me siento sobre mi piedra favorita a escuchar croar a las ranas, a mirar la vía láctea, a tirar cantitos y pedir deseos: semillas y enzimas para recuperar el queso, la entrada triunfal en nuestras vidas de la paz sin pastillas, sin pistolas, sin vuelta atrás.

domingo, 16 de enero de 2011

Pájaros en la cabeza

fotografía de Minako Tasaki
www.minakotasaki.com

Si no hubiera confiado
en que sabrías volar a la primera,

no habría hecho el nido tan alto.


If I'd not been totally convinced
you'd know how to fly straight away,

I'd never have built the nest so high.




viernes, 14 de enero de 2011

Presentación del Libro El Hilo de Nelken Rot y Curro Corrales





Imágenes de María Sevilla


El próximo sábado tendrá lugar la lectura dramatizada con música en directo y performance pictórica frente a los asistentes de El Hilo.



Intervienen:

Voz: Nelken Rot
Pintura: Karla Frechilla
Música: Juan José Urbanski

Lugar: Espacio de Acción Creativa
cuándo: sábado 15 de enero. 20.30 h
Dirección: calle normas 7. Metro Avda. de la Paz.
Aparcamiento no regulado.
Entrada gratuita.
Para ver cómo llegar pincha en este enlace: http://www.pildoracreativa.com/?page_id=45

Esta performance se realizará dentro de la fiesta Open House Party 2011 Píldora Creativa.

Si quieres leer fragmentos de los prólogos de Emilio Porta y Ana Mañeru Méndez, pincha en la imagen de la portada de El Hilo.




Imágenes de María Sevilla





miércoles, 5 de enero de 2011

Las armas no son mi huella


Las armas no son mi huella



Mis manos son de maíz, no saben de la guerra.
Mis pies descalzos de misiles, buscan la tierra,
pisan con cuidado, saben del vino y de la espuma.
Mi corazón es de algodón y púas.
Mis brazos son puente para tu cuerpo, muerte.

Te empeñas en pintar estelas rojas
en despeñar muros
afianzar fronteras.
Te obcecas en avivar fieros fuegos.

Me llamas para azuzar la sangre.
Entierro tu cruz, tu luna, tu estrella
y digo:
mis manos son de maíz, jardineras,
no saben. No quieren tu guerra.


lunes, 27 de diciembre de 2010

Benthe en navidad

Fotografía de Minako Tasaki
http://www.flickr.com/photos/minako375/

Tengo dos ojos uno alegre y otro triste, daltónica en sentimientos, con la alegría de vivir y la tristeza de las corrientes que se lo llevan todo: todo, menos la nube negra de un cromosoma partido.


Juego en la bañera de agua caliente, espuma y vapor. Dibujo absorta xx, xy, trazos grandes y pequeños, borro su geografía precisa del vaho de la ventana, sumerjo mis pies grandes, mis manos hábiles bajo la espuma. Me falta el aire, Benthe de algodón y sueño. Desearía meterme en una lavadora, tú y yo y nacer de nuevo. Tengo un ojo triste y el otro alegre, daltónica en el amor, cocinera frustada en la creación. Busco el hilo que te recuerde el reloj, la frontera, la salida. Palpo la palabra, beso el bocado que te despierte del sueño de algodón, y que provoque a tu piel de mantequilla a estirar y encoger la sábana que te cobija.

Remuevo la espuma, recuerdo las velas del templo, la luz de la fe que me devolvió Buda. No encuentro las fuerzas para alcanzar la toalla, resbalan por mi piel apagada las mondas de naranja, piso con intensidad la canela en rama. ¿Me puedes alcanzar el movimiento, la lectura, el sonido para refregar a mi bebé con palabras, con música y vida viva? Quiero abandonar esta vida sueño, de algodón y nube. Mi dulce Benthe, cromosoma pálido que nos dormiste la vida.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Burro de Barro


Platero es pequeño, como si fuera de algodón y sus ojos de azabache parecen verlo todo.

Tus manos de alfarera se hunden en el barro, del torno surgen mil botijos que contendrán agua siempre fresca. De tus manos, en la siesta, surgirá el burro de barro, el capricho. Moldeas con precisión su cabeza, sus orejas. Tu sabiduría artesana te permite triunfar con esas patas de aspecto fuerte y fragilidad de barro. Agua, manos, burro. Cambiaría mil Barbies por tener entre mis manos tan sólo uno de tus burros. Como los sombreros de Úrculo, como sus maletas y sus viajeros, tus barros de animal son marcas de autora.

Yo ya no sé montar en burro. En los pueblos vivían. Recuerdo en burro a un tío que nunca llegué a conocer, nunca llegué a hablar con él, porque el tío Federico siempre se iba en burro al campo, había tanto por hacer. En los pueblos, ¿viven ya los burros? ¿Cómo era esa expresión ... vaca-burra, no? No sé ni cuándo, cómo o por qué se emplea, pero me suena, y no muy bien por cierto. Desconozco si para conocer a un burro de verdad hay que ir a un pueblo, a la Huelva de Platero o a Cataluña.

No sé de dónde sacarlo, dónde encontrarlo, pero quiero un burro de barro que surja de tus manos, con su crin horadada, con sus orejas altas, con sus dientes al viento. Quién te conozca que te compre, diente por diente, burro por burro. ¿Dónde están los comics de ZipiyZape, con sus orejas de burro y sus ceros políticamente incorrectos?

Si eres burro, mándame un mensaje, te espero en la cabeza de asno. Recuerda: burradas las justas, no seas borrico. Si eres de barro burro tendrás un lugar entre mis manos, en mi memoria, corazón con corazón, burro olvidado.


viernes, 10 de diciembre de 2010

A Christmas gift


Fotografía de Minako Tasaki
http://minako3751226.blogspot.com/


He visto rodar a mi corazón como una rueda
¿será de madera este corazón mío?

Cantos redondos y medievales
de madera de carro,
avanza mi corazón.

Tropiezo barro y piedras.
En una intuición de otoño,
rueda mi latido.

Este carro no me tira para adelante
sino que baja desbocado
de madera rueca
cantos redondos, ancestrales.

Las sandalias y el barro frenan
la inercia hacia el fondo frío.

He visto rodar a mi corazón como una rueda
¿será de madera este rubí mío?

domingo, 5 de diciembre de 2010

Llegada



Vengo de los mares del sur, zarandeada por las corrientes de Tarifa, desbordada por el azote de poniente. Traigo las sogas del vendaval, el hilo fino de la resaca y la brisa. Por encima de todo, vengo.

Llego destruida. Sobre mis mejillas la arena mojada, fría. Por mis andrajos adivinarás que antes conocí la dicha, pasión enmarañada que desemboca en desconsuelo. Llego molida por el viento y sé que merezco un leve descanso.

Siento el lado cóncavo de la playa que me sostiene. El rugir de la tempestad sobrevenida. Grandes troncos de madera salada me hacen compañía. ¿Dije fría? estoy viva, eso es lo que importa.

De la levedad al levantarse, ¿cuántos son los pasos?, ¿dónde están las fuerzas?, ¿cuáles son mis anclas?, ¿en qué cajón guardé mis velas?

Levantarse Pina, levantarse.
Levantarme en 8 tiempos, en 6, en 4, en 2, en 1.
Alzarse sobre una misma como proceso.

Vengo de los mares del sur, rastreada por las corrientes de Tarifa, desbordada por el azote de poniente. Traigo las sogas del vendaval, el hilo fino de la resaca y la brisa. Por encima de todo, vengo. Me levanto, me sostengo.




martes, 30 de noviembre de 2010

En el leve espacio de un coche


Te oigo todos los días. Dices que vives solo y cuentas al parabrisas: ayer, otra vez, me cabreé conmigo mismo. Sigue cantando y relájate.

Tu volante.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Imagino que hay ascensor


Fotografía de Minako Tasaki

Deseo que al abrir la puerta del portal esté el ascensor, ruedo el carrito con la compra a rebosar y me encuentro con los mismos peldaños de ayer. Inspiro y veo a mi madre, a mi abuela yendo a por agua a la fuente, tiro del carro, y esta vez, siento perfectamente de qué carro se trata. Sigo subiendo hasta el siguiente rellano, si tuviera el suficiente dinero no viviría en un cuarto sin ascensor me digo, en seguida, contrarreplico: las determinaciones tienen un precio y el coste a pagar son 128 escaleras de subida y 128 de bajada, la mejor contratación de internet que podrías imaginar, tira.

Busco una salida por el hueco de la ventana, el sol me deslumbra y atisbo los árboles del patio interior: delicias del Madrid de los tejados en cuesta, árboles escondidos tras edificios espigados. No, no me olvido: si intento espirar en los momentos de máximo esfuerzo será más fácil, hay que programar al cuerpo para que se relaje en los momentos de máxima tensión. Dani me dice: imagina que tiras la carga, luego la cogerás con más ganas. Intento subir ligera sobre un peldaño y otro, casi me he finiquitado el segundo rellano, suspiro. ¿En qué momento dije sí a las escaleras?

De camino hacia el tercer piso, recuerdo a Cyro subiendo y bajando los brick de leche de una anciana que bajaba por unas escaleras, francamente muy empinadas. La hospitalidad bahiana viene en mi ayuda en secuencia de color chocolate: si estuviera aquí Cyro me dedicaría a mirar su cuerpo sedoso y sus pies de muelle... No me queda otra, integro a ese muchacho joven y fuerte dentro de mí. Sus piernas rápidas ahora son las mías, y casi llego al cuarto.

Llegamos a la cuarta y última ventana, regalo del cielo de Madrid y, antes del fondo, una casita entre las nubes. Sí, creo que ya que estoy tan cerca de la puerta de entrada que me puedo permitir el lujo del descanso por un minuto, un minuto de sabor a esfuerzo conseguido. Me enfilo como un toro mirando el último tramo de escaleras, subo rapidito enfocada hacia la puerta del hogar. ¿Quién dijo que subir cuestas era un reto?

Finalmente, concluyo: no me gusta subir escaleras cargada, pero me encanta haberlas subido. La llave gira y la casa nos espera en todo su esplendor, al carro y a mí. Viva la alegría de saber llegar a buen puerto. Imagino que mañana tampoco habrá ascensor, pero sé que tengo cuatro plantas para dar rienda suelta a la imaginación, las piernas son sólo poleas de viento.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Fuges de mim

Fotografía de Minako Tasaki


Palabra huyes de mí cuando más te necesito. Mis pies caminan en dirección contraria a mis instintos. Son las doce y media en el reloj de Sol, la figura hierática me dibuja la decisión de permanecer, hace frío. Palabra te encallas cuando te reclamo.

Mis pasos lentos se frenan, mis manos abiertas no son capaces de entregar un sí, de acariciar un ahora sí. Sigo caminando en dirección opuesta. Siento el freno y no vienes en mi ayuda, desapareces palabra. Balbuceo y dudo sobre qué dirección tomar. Niego el valor del momento, apuesto sin querer por las rutinas de los días iguales. No tomar decisiones es decidir.

Veo una sombra en el suelo, es mi corazón en negativo. Se abre un agujero, alguien tira un cigarro y tapona la oquedad. Cenizas de un misterio sin resolver. Palabra fugaz te fuiste sin enhebrar mis labios con los suyos.


Para ver más fotos de Minako, pincha aquí:
http://www.flickr.com/photos/minako375/

martes, 9 de noviembre de 2010

Están secas las hojas




Cuéntame los cuentos más largos esta noche. Susúrrame el movimiento de las hojas de otoño cuando suben las escaleras de la salida del metro, cuando el viento azota la cara fría y dicen que hay que seguir avanzando.

Cántame la nana más larga ahora y siempre. Deja que el olor penetrante de las natillas recién hechas de madre me inunden bajo las mantas, invítame a levantarme de esta cama pesada de hojas secas.

Lávame las manos que se me caen todas las certezas. Recuérdame donde está cada tecla en mi piano, rásgame esta melodía caída en el alféizar de todas mis ventanas.

Límpiame el horizonte que se me estoy quedando ciega. Limpia los cristales turbios de estos malos tiempos que no acaban.

El largo viaje hacia la noche es un cuento que me desgarra. Dile a padre que no me abandone, que me cuente una y otra vez los misterios ocultos de la vida, que me descubra la belleza del sol y del frío, que me ate a la tierra, que me enrede en este río, que me temple en las noches de invierno aunque el calendario diga que es tiempo de hojas secas. Dile a padre que cómo me cuesta reír, que sé que él es el sol de la noche y el incienso de la madrugada.

Cuéntame los cuentos más largos esta noche, que no lo dudes, que hoy, también tengo frío.





lunes, 8 de noviembre de 2010

GPS personal




A veces me desoriento y no sé llegar a los sitios, entonces me voy a una calle conocida, a una estación de metro frecuente en mis recorridos: me detengo, proceso itinerarios y resuelvo. Sorprendentemente, reconocer lo conocido me hace fácil el camino y me permite llegar alegre al nuevo destino.

sábado, 30 de octubre de 2010

Cortázar

Hace muchos años en Rivas, en una mañana de sábado Montserrat Cano nos agasajó a todos los talleristas con este espléndido cuento de Cortázar. Cuando se aproxima el 1 de noviembre siempre me acuerdo de aquel día en que nos topamos por primera vez con las mangostas. Rindo aquí homenaje a Julio Cortázar y a las maestras y maestros de literatura que tanto bien nos hacen durante el resto de nuestras vidas.




Texto procedente de La vuelta al día en ochenta mundos. Julio Cortázar.


Ninguno de nosotros recuerda el texto de la ley que obliga a recoger las hojas secas, pero estamos convencidos de que a nadie se le ocurriría que puede dejar de recogerlas; es una de esas cosas que vienen desde muy atrás, con las primeras lecciones de la infancia, y ya no hay demasiada diferencia entre los gestos elementales de atarse los zapatos o abrir los paraguas y los que hacemos al recoger las hojas secas a partir del dos de noviembre a las nueve de la mañana.
Tampoco a nadie se le ocurriría discutir la oportunidad de esa fecha, es algo que figura en las costumbres del país y que tiene su razón de ser. La víspera nos dedicamos a visitar el cementerio, no se hace otra cosa que acudir a las tumbas familiares, barres las hojas secas que las ocultan y confunden, aunque ese día las hojas secas no tienen importancia oficial, por así decir, a lo sumo son una penosa molestia de la que hay que librarse para luego cambiar el agua a los floreros y limpiar las huellas de los caracoles en las lápidas. Alguna vez se ha podido insinuar que la campaña contra las hojas secas podría adelantarse en dos o tres días, de manera que, al llegar el primero de noviembre, el cementerio estuviera ya limpio y las familias pudieran recogerse ante las tumbas sin el molesto barrido previo que suele provocar escenas penosas y nos distrae de nuestros deberes en ese día de recordación. Pero nunca hemos aceptado esas insinuaciones, como tampoco hemos creído que se pudieran impedir las expediciones a las selvas del norte, por más que nos cuesten. Son costumbres tradicionales que tienen su razón de ser, y muchas veces hemos oído a nuestros abuelos contestar severamente a esas voces anárquicas, haciendo notar que la acumulación de hojas secas en las tumbas sirve precisamente para mostrar a la colectividad la molestia que representan una vez avanzado el otoño, e incitarla así a participar con más entusiasmo en la labor que ha de iniciarse al día siguiente.
Toda la población está llamada a desempeñar una tarea en la campaña. La víspera, cuando regresamos del cementerio, la municipalidad ya ha instalado su quiosco pintado de blanco en medio de la plaza y, a medida que vamos llegando, nos ponemos en fila y esperamos nuestro turno. Como la fila es interminable, la mayoría sólo puede volver muy tarde a su casa, pero tenemos la satisfacción de haber recibido nuestra tarjeta de manos de un funcionario municipal. En esa forma y, a partir de la mañana siguiente, nuestra participación quedará registrada día tras día en las casillas de la tarjeta, que una máquina especial va perforando a medida que entregamos las bolsas de hojas secas o las jaulas con las mangostas, según la tarea que nos haya correspondido. Los niños son los que más se divierten porque les dan una tarjeta muy grande, que les encanta mostrar a sus madres, y los destinan a diversas tareas livianas pero sobre todo a vigilar el comportamiento de las mangostas. A los adultos nos toca el trabajo más pesado, puesto que, además de dirigir a las mangostas, debemos llenar las bolsas de arpillera con las hojas secas que han recogido las mangostas, y llevarlas a hombros hasta los camiones municipales. A los viejos se les confían las pistolas de aire comprimido con las que se pulveriza la esencia de serpiente sobre las hojas secas. Pero el trabajo de los adultos es el que exige la mayor responsabilidad, porque las mangostas suelen distraerse y no rinden lo que se espera de ellas; en ese caso, nuestras tarjetas mostrarán al cabo de pocos días la insuficiencia de la labor realizada, y aumentarán las probabilidades de que nos envíen a las selvas del norte. Como es de imaginar hacemos todo lo posible para evitarlo aunque, llegado el caso, reconocemos que se trata de una costumbre tan natural como la campaña misma, y no se nos ocurriría protestar; pero es humano que nos esforcemos lo más posible en hacer trabajar a las mangostas para conseguir el máximo de puntos en nuestras tarjetas, y que para ello seamos severos con las mangostas, los ancianos y los niños, elementos imprescindibles para el éxito de la campaña.
Nos hemos preguntado alguna vez cómo pudo nacer la idea de pulverizar las hojas secas con esencia de serpiente, pero después de algunas conjeturas desganadas acabamos por convenir en que el origen de las costumbres, sobre todo cuando son útiles y atinadas, se pierde en el fondo de la raza. Un buen día la municipalidad debió reconocer que la población no daba abasto para recoger las hojas que caen en otoño, y que sólo la utilización inteligente de las mangostas, que abundan en el país, podría cubrir el déficit. Algún funcionario proveniente de las ciudades linderas con la selva advirtió que las mangostas, indiferentes por completo a las hojas secas, se encarnizaban con ellas si olían a serpiente. Habrá hecho falta mucho tiempo para llegar a esos descubrimientos, para estudiar las reacciones de las mangostas frente a las hojas secas, para pulverizar las hojas secas a fin de que las mangostas las recogieran vindicativamente. Nosotros hemos crecido en una época en que ya todo estaba establecido y codificado, los criaderos de mangostas contaban con el personal necesario para adiestrarlas, y las expediciones a las selvas volvían cada verano con una cantidad satisfactoria de serpientes. Esas cosas nos resultan tan naturales que sólo muy pocas veces y con gran esfuerzo volvemos a hacernos las preguntas que nuestros padres contestaban severamente en nuestra infancia, enseñándonos así a responder algún día a las preguntas que nos harían nuestros hijos. Es curioso que ese deseo de interrogarse sólo se manifieste, y aun así muy raramente, antes o después de la campaña. El dos de noviembre, apenas hemos recibido nuestras tarjetas y nos entregamos a las tareas que nos han sido asignadas, la justificación de cada uno de nuestros actos nos parece tan evidente que sólo un loco osaría poner en duda la utilidad de la campaña y la forma en que se la lleva a cavo. Sin embargo, nuestras autoridades han debido prever esa posibilidad porque en el texto de la ley impresa en el dorso de las tarjetas se señalan los castigos que se impondrían en tales casos; pero nadie recuerda que haya sido necesario aplicarlos.
Siempre nos ha admirado cómo la municipalidad distribuye nuestras labores de manera que la vida del estado y del país no se vean alteradas por la ejecución de la campaña. Los adultos dedicamos cinco horas diarias a recoger las hojas secas, antes o después de cumplir nuestro horario de trabajo en la administración o en el comercio. Los niños dejan de asistir a las clases de gimnasia y a las de entrenamiento cívico y militar, y los viejos aprovechan las horas de sol para salir de los asilos y ocupar sus puestos respectivos. Al cabo de dos o tres días la campaña ha cumplido su primer objetivo, y las calles y plazas del distrito central quedan libres de hojas secas. Los encargados de las mangostas tenemos entonces que multiplicar las precauciones, porque a medida que progresa la campaña, las mangostas muestran menos encarnizamiento en su trabajo, y nos incumbe la grave responsabilidad de señalar el hecho al inspector municipal de nuestro distrito para que ordene un refuerzo de las pulverizaciones. Esta orden sólo la da el inspector después de haberse asegurado de que hemos hecho todo lo posible para que las mangostas sigan recogiendo las hojas, y si se comprobara que nos hemos apresurado frívolamente a pedir que se refuercen las pulverizaciones, correríamos el riesgo de ser inmediatamente movilizados y enviados a las selvas. Pero cuando decimos riesgo es evidente que exageramos, porque las expediciones a las selvas forman parte de las costumbres del estado a igual título que la campaña propiamente dicha, y a nadie se le ocurriría protestar por algo que constituye un deber como cualquier otro.
Se ha murmurado alguna vez que es un error confiar a los ancianos las pistolas pulverizadoras. Puesto que se trata de una antigua costumbre no puede ser un error, pero, a veces, ocurre que los ancianos se distraen y gastan una buena parte de la esencia de serpiente en un pequeño sector de una calle o una plaza, olvidando que deben distribuirlo en una superficie lo más amplia posible. Ocurre así que las mangostas se precipitan salvajemente sobre un montón de hojas secas, y en pocos minutos las recogen y las traen hasta donde las esperamos con las bolsas preparadas; pero después, cuando confiadamente creemos que van a seguir con el mismo tesón, las vemos detenerse, olisquearse entre ellas como desconcertadas, y renunciar a su tarea con evidentes signos de fatiga y hasta de disgusto. En esos casos el adiestrador apela a su silbato y, por un momento, consigue que las mangostas junten algunas hojas, pero no tardamos en darnos cuenta de que la pulverización ha sido despareja y que las mangostas se resisten con razón a una tarea que de golpe ha perdido todo interés para ellas. Si se contara con suficiente cantidad de esencia de serpiente, jamás se plantearían estas situaciones de tensión en las que los ancianos, nosotros y el inspector municipal nos vemos abocados a nuestras respectivas responsabilidades y sufrimos enormemente; pero desde tiempo inmemorial se sabe que la provisión de esencia apenas alcanza para cubrir las necesidades de la campaña, y que en algunos casos las expediciones a las selvas no han alcanzado su objetivo, obligando a la municipalidad a apelar a sus exiguas reservas para hacer frente a una nueva campaña. Esta situación acentúa el temor de que la próxima movilización abarque un número mayor de reclutas, aunque al decir temor es evidente que exageramos, porque el aumento del número de reclutas forma parte de las costumbres del estado a igual título que la campaña propiamente dicha, y a nadie se le ocurriría protestar por algo que constituye un deber como cualquier otro. De las expediciones a las selvas se habla poco entre nosotros, y los que regresan están obligados a callar por un juramento del que apenas tenemos noticia. Estamos convencidos de que nuestras autoridades procuran evitarnos toda preocupación referente a las expediciones a las selvas del norte, pero desgraciadamente nadie puede cerrar los ojos a las bajas. Sin la menos intención de extraer conclusiones, la muerte de tantos familiares o conocidos en el curso de cada expedición nos obliga a suponer que la búsqueda de las serpientes en las selvas tropieza cada año con la despiadada resistencia de los habitantes del país fronterizo, y que nuestros conciudadanos han tenido que hacer frente, a veces con graves pérdidas, a su crueldad y a su malicia legendarias. Aunque no lo digamos públicamente, a todos nos indigna que una nación que no recoge las hojas secas se oponga a que cacemos serpientes en sus selvas. Nunca hemos dudado de que nuestras autoridades están dispuestas a garantizar que la entrada de las expediciones en ese territorio no obedece a otro motivo, y que la resistencia que encuentran se debe únicamente a un estúpido orgullo extranjero que nada justifica.
La generosidad de nuestras autoridades no tiene límites, incluso en aquellas cosas que podrían perturbar la tranquilidad pública. Por eso nunca sabremos - ni queremos saber, conviene subrayarlo - qué ocurre con nuestros gloriosos heridos. Como si quisieran evitarnos inútiles zozobras, sólo se da a conocer la lista de los expedicionarios ilesos y la de los muertos, cuyos ataúdes llegan en el mismo tren militar que trae a los expedicionarios y a las serpientes. Dos días después las autoridades y la población acuden al cementerio para asistir al entierro de los caídos. Rechazando el vulgar expediente de la fosa común, nuestras autoridades han querido que cada expedicionario tuviera su tumba propia, fácilmente reconocible por su lápida y las inscripciones que la familia puede hacer grabar sin impedimento alguno; pero como en los últimos años el número de bajas ha sido cada vez más grande, la municipalidad ha expropiado los terrenos adyacentes para ampliar el cementerio. Puede imaginarse entonces cuántos somos los que al llegar el primero de noviembre acudimos desde la mañana al cementerio para honrar las tumbas de nuestros muertos. Desgraciadamente el otoño ya está muy avanzado, y las hojas secas cubren de tal manera las calles y las tumbas que resulta muy difícil orientarse; con frecuencia nos confundimos completamente y pasamos varias horas dando vueltas y preguntando hasta ubicar la tumba que buscábamos. Casi todos llevamos nuestra escoba, y suele ocurrirnos barrer las hojas secas de una tumba creyendo que es la de nuestro muerto, y descubrir que estamos equivocados. Pero poco a poco vamos encontrando las tumbas, y ya mediada la tarde podemos descansar y recogernos. En cierto modo nos alegra haber tropezado con tantas dificultades para encontrar las tumbas porque eso prueba la utilidad de la campaña que va a comenzar a la mañana siguiente, y nos parece como si nuestros muertos nos alentaran a recoger las hojas secas, aunque no contemos con la ayuda de las mangostas que sólo intervendrán al día siguiente cuando las autoridades distribuyan la nueva ración de esencia de serpiente traída por los expedicionarios junto con los ataúdes de los muertos, y que los ancianos pulverizarán sobre las hojas secas para que las recojan las mangostas.


sábado, 23 de octubre de 2010

La llegada de Florence



No me dices hola al entrar, tan sólo miras mi piel negra, mis manos grandes. No imaginas que mi piel es suave, que mi corazón es algodón del Sur, que para que yo entre hoy en este ascensor urbano cientos de cuerpos se juntaron en la noche, cientos de manos trabajaron la tierra, y tres generaciones anteriores a mí migraron del campo, que mi abuela también sabía abrir un grifo, y ahora estás aquí mirándome.

Ilustración: Carmen Arevalillo


Veo tus ojos europeos cómo escudriñan mi cuerpo de mujer grande por debajo de tus gafas, probablemente eres miope, de ahí tu proximidad e insistencia. Muestro mi sonrisa, y tu corazón, esponja magullada de alquitrán y humo, comprende. Por fin, sonríes y me saludas. Ahora me siento bien en este ascensor de ciudad gris, orgullosa de mis manos grandes y mi piel café, negra y suave.


jueves, 21 de octubre de 2010

Desde Uruguay con el corazón: Benedetti





«Te dejo con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres. Sembrando tu confianza, te dejo junto al mundo, derrotando imposibles, segura sin seguro (...) Pero tampoco creas a pie juntillas todo. No creas, nunca creas,
este falso abandono. Estaré donde menos lo esperes. Por ejemplo, en un árbol añoso de oscuros cabeceos. Estaré en un lejano horizonte sin horas, en la huella del tacto, en tu sombra y mi sombra (...)».

Así se despedía Mario Benedetti en 'Chau número tres'. El uruguayo reflexionaba sobre la relatividad de la ausencia. También ahora es relativa. Como legado deja sus palabras y su forma de entender la vida.



LA INFANCIA

«La infancia es un privilegio de la vejez. No sé por qué la recuerdo actualmente con más claridad que nunca» .

«Es a veces un paraíso perdido, pero otras, es un infierno de mierda».


EL APRENDIZAJE


«Mi primer trabajo fue en una empresa de repuestos de automóviles, luego 15 años en una inmobiliaria y luego, al periódico —primero como redactor del semanario 'Marcha'—; y al tiempo, taquígrafo, porque con un solo empleo no se podía sobrevivir». Pasó de ser taquígrafo del consejo de la Facultad de Humanidades a dirigir un departamento de literatura latinoamericana en la Universidad.



«He trabajado ocho y diez horas diarias en cosas que no tenían nada que ver con la literatura, empecé a ganarme la vida con ella en el exilio».


EL AMOR

«Yo siempre digo que soy fiel, pero no fanático en el amor». En 1946 contrajo matrimonio con Luz López Alegre, su compañera hasta que falleció en 2006 enferma de Alzheimer.

«Si el corazón se aburre de querer, para qué sirve».



«Porque eres mía, porque no eres mía, porque te miro y muero, y peor que muero, si no te miro amor, si no te miro (...)». Son versos de 'Corazón coraza', uno de los muchos poemas de amor que escribió Benedetti.

«Mi táctica es mirarte, aprender como sos, quererte como sos. Mi táctica es
hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. Mi táctica es quedarme en tu recuerdo. No sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos. Mi táctica es ser franco y saber que sos franca y que no nos vendamos simulacros, para que entre los dos no haya telón ni abismos. Mi estrategia es en cambio más profunda y más simple. Mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites»



LA POLÍTICA


«Nunca fui comunista, nunca milité en partidos. Estuve algún tiempo en el Frente Amplio, pero como independiente. No sirvo para dirigente. Para un intelectual es muy duro. Me encontré hablando ante 60.000 personas haciendo planteamientos en los que no creía. Me dejaba un malestar de conciencia espantoso. Creo que puedo hacer más políticamente con lo que escribo que desde una tribuna».


EL EXILIO

«Me echaban y me amenazaban de muerte. De Uruguay tuve que irme porque estaban a punto de meterme preso y torturarme. De Buenos Aires, porque una asociación profascista me puso en una lista de condenados a muerte y me dieron 48 horas para que me fuera. Me marché a Perú y me metieron preso sin que yo hubiera hecho absolutamente nada político. Me deportaron a Argentina, donde estaba amenazado de muerte. Me ofrecieron asilo en Cuba, donde dirigí un departamento de literatura en La Casa de las Américas —por primera vez me gané la vida literariamente— . Y de La Habana, a Madrid».


LA POESÍA


«La poesía es el género en el que un escritor interviene más con su propia vida. Los otros géneros son de ficción, la poesía no». Benedetti ha publicado más de 80 libros, traducidos a una veintena de idiomas, que abarcan todos los géneros literarios.


«Un poema lo puedo escribir en un avión, en un fin de semana o mientras espero al destino».


«Mis maestros fueron Vallejo, Neruda, Pessoa y Borges, a quien se le admira por sus cuentos pero se le quiere más por sus poemas, porque se muestra como era, un ser desvalido y frágil».


EL OLVIDO

«El olvido está lleno de memoria —es el título de uno de sus libros—. Está lleno de memoria y esa memoria vuelve a salir».

EL 'DESEXILIO'

«El exilio es el aprendizaje de la vergüenza. El desexilio, una provincia de la melancolía».

Benedetti consiguió regresar a Uruguay en 1985. «El país había cambiado después de diez años de dictadura, pero yo también, después de 12 años domiciliado en cuatro países tan distintos. De los gobiernos no se aprende nada, pero de la gente de la calle yo aprendí mucho y entonces volví diferente, más maduro, otra persona, aunque siempre con el arraigo de mi ciudad».

LA RELIGIÓN

«Debo ser una de las personas menos religiosas del mundo. La única religión válida para mí es la conciencia; y la poesía tiene mucha vinculación con la conciencia».

«Yo no sé si Dios existe, pero si existe sé que no le va a molestar mi duda».



LA UTOPÍA

«La utopía es una cosa que debemos mantener. Por definición, es algo que nunca se realiza por completo, una cosa que parece imposible y después resulta que se realiza. Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx. Gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos».


«Aunque de cada utopía se realice un 10%, gracias a ese 10% la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible» .


LA CONCIENCIA

«Las causas en las que he creído y creo han sido derrotadas, pero yo no me
siento derrotado en cuanto a mis creencias, en cuanto a mis posiciones ideológicas y seguiré luchando por ellas. Sin éxito eso sí. Mientras pueda dormir tranquilo no me consideraré un derrotado total».


EL SOCIALISMO

«Con todos sus defectos, la utopía socialista es la que puede traer bienestar a la Humanidad. Pese al fracaso del socialismo democrático de los países del Este, porque no fueron fieles, y desvirtuaron la esencia, yo no me he borrado de las ideologías».

EEUU

«No es por falta de motivos que no me haya rendido al pesimismo. La Humanidad va hacia el suicidio. Cuando los poderes estaban repartidos, la contradicción permitía a veces ciertas mejoras sociales, pero ahora la única posibilidad de cambio es que se dé dentro de Estados Unidos: que los norteamericanos se machaquen entre ellos».


EL TIEMPO

«Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo».

«Preciso tiempo, necesito ese tiempo que otros dejan abandonado porque les sobra o ya no saben qué hacer con él. Tiempo en blanco, en rojo, en verde, hasta en castaño oscuro. No me importa el color. Cándido tiempo que yo no puedo abrir y cerrar como una puerta», versos del poema 'Tiempo sin tiempo'.


LA MUERTE

«Es tarde. Sin embargo yo daría todos los juramentos y las lluvias, las paredes con insultos y mimos, las ventanas de invierno, el mar a veces, por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso en mí que estoy enteramente solo, sobreviviéndote» , versos de 'Ausencia de Dios'.

«Hay que vivir como si fuéramos inmortales».

«Cuando me entierren, por favor, que no se olviden de mi bolígrafo», sentenció en 'El Rincon de Haikus'.


Fuente: http://www.elmundo. es/especiales/ 2009/05/cultura/ benedetti/ album/index. html

lunes, 11 de octubre de 2010

La vía muerta despierta


Anoche crucé la línea y me encontré a viejos amigos que se calentaban alrededor de la hoguera, me recibieron con alegría y el pasado se fundió en un mal sueño que apenas ahora recuerdo.


Esta vez cruzar fue como la vez primera, equilibrando mis pasos con los tacones, que ventajas del tiempo ya no me quedaban grandes. Los collares largos de cuentas rojas, regalos de la hospitalidad Bahíana, me animaban a seguir adelante. Me agarraba a ellos como quien se aferra a su talismán más querido, sin embargo, no mostraba ya ni tan siquiera una pizca de mis miedos. Caminaba segura con mis zapatos rojos de tacón ancho por la línea de acero.

Iba cruzando los raíles de mi vida, recuperando el pulso, la dirección. En el bolso llevaba guardado el rumbo envuelto en papel albal para que no se mojara, para que no se me perdiera, para que sonara en las máquinas infrarrojas de la frontera, sabiendo ya que el rumbo no se quita, como quién se despoja de las botas y el cinturón en un aeropuerto, lo siento esta vez ya no. Me operaron de la columna y los sentimientos y ahora tengo que ir siempre con esta bolita de papel albal, ustedes comprenderán que me va la vida en ello. El hombre de la aduana me guiñó un ojo y consintió en que mi rumbo se quedara conmigo al otro lado de la línea.


El caso es que yo ya había soñado a mis pies calzados en altura bambolearse, sin detenerme, sin dudas, sin rozar siquiera las traviesas de la vía férrea. Recordaba el color rojo de mi collar largo de semillas pintadas. Hace años que sentí ese movimiento impreciso de caderas, antes también fui equilibrista con la vida.

Le di la mano al pirata más grande del mundo, le reconocí por su barba de bucanero. Esta vez había recuperado la pierna izquierda, ya no cojeaba, avances de la ciencia supongo. Sus abrazos habían ganado anchura, su pelliza negra de cuero seguía siendo tan protectora como siempre, su botas negras imponentes, esta vez, no me daban miedo. Ya conocía el calor de sus manos, y la profundidad de aquellos ojos color aceituna, ese hombre de aspecto maléfico era mi amigo, me estaba esperando después de tanto tiempo.


Izamos las velas del barco de los sueños: destino a la realidad. Llamámos a toda la tripulación dispuesta a emprender de nuevo viaje, sonreímos a nuestra bandera y desde lo alto del mástil le grité de nuevo al mundo: la función va a comenzar. Como por encanto o por viento nuevo, el escenario volvía a estar bajo mis pies, vi las boquicaras de un público entregado y supe que ya no volvería a dejar jamás mi vocación: el teatro.