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sábado, 22 de enero de 2011

Semillas y enzimas

Fotografía de Minako Tasaki
www.minakotasaki.com

He perdido mi cofrecito donde guardo mis semillas y enzimas. Abro una cajita de madera y encuentro unas pequeñas reflexiones que me invitan a pensar: ordeñar una vaca ya no es un oficio es una máquina. Beber leche es un misterio que olvidé cómo procesar.


Tal vez, si recuperara las botas de goma, la lechera de metal y volviera al establo, quizá sería capaz de encontrar la lactasa entre los granos de trigo y las miles de plumas de las gallinas, que siempre, inevitablemente, huelen mal. Mis manos son jardineras, y algún día descubriré también la semilla perdida de la paz.

Miro los rombos grises de las aceras de mi ciudad y creo que mi infancia fue un sueño: ¿dónde están los gallos de pelea que comían tomates estallados de puros rojos? ¿en qué fuente está el flan de ocho huevos de gallinas de corral? El potaje en puchero, las torrijas de leche, la maicena antes de acostarnos, ¿dónde, dónde están? ¿Existirá un lugar donde se suba a la troje para explorar el territorio prohibido? Con el fin perverso de poder volver a pecar de puntillas, con sigilo, y recuperar los tesoros de la inocencia: las patatas dispuestas sobre el papel de periódico, los botes de tomate en conserva, los trozos de jabón de aceite y sosa de mi abuela, sabia Max..., la ristra de ajos, el ventanuco por el que ver llover y oler a tierra mojada. Sucesión precisa de objetos aparentemente inertes y con movimientos de crecimiento lento: las raíces verdes de las patatas viejas, la fermentación de las conservas, los juguetes caídos del tambor de 5 kilos de Colón... Todos guardan silencio y besan telarañas en su idilio perenne con el tiempo que pesa remolón, y siempre, verdugo de la vida.

Sospecho que ese cofre vive ya en la profundidad de mi mar particular. Y junto a mis grandes tesoros está la lactasa y la cuerda de saltar a la comba. Aunque me digan ahora que esa pérdida se llama modificación genética, mi niña rebelde no les cree. Me voy a la poza en plena noche, por un camino sin farolas que me conozco piedra a piedra, rama a rama. Me siento sobre mi piedra favorita a escuchar croar a las ranas, a mirar la vía láctea, a tirar cantitos y pedir deseos: semillas y enzimas para recuperar el queso, la entrada triunfal en nuestras vidas de la paz sin pastillas, sin pistolas, sin vuelta atrás.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Querida Nelken, en este entrañable texto veo mucha añoranza mientras paseas por tu vida. Según vayas cumpliendo años harás ese recorrido con más frecuencia y, aunque la percepción de las cosas será distinta, siempre te quedará la dulce sensación de lo vivido. (Te hablo desde la experiencia).

Ya sabes que me encanta lo que escribes y tu original forma de hacerlo.

Besitos.

Mila

Rosa dijo...

Querida Nelken, de repente me encuentro oyendo a Nina Simone y de frente con tu entrada... No imaginas la sensación hermosa de nostalgia que me ha llegado. Es curioso, he vivido paso a paso tantos momentos de mi niñez en casa de la abuela; era tal cual lo recordaba. ¡Que placer!.

Hace poco comentaba con unas amigas la tristeza que me produce que mi hija no haya vivido la magia de un pueblo. No es posible explicarles algo que no han conocido: Las manos de la abuela preparando madalenas, con ese olor especial difícil de describir; la tertulia con las vecinas a la puerta de la casa en las tardes de verano. Humm! dulces recuerdos...dulce Nelken. Gracias por este momento tan especial.

Un abrazo

Anónimo dijo...

"Miro los rombos grises de las aceras de mi ciudad y creo que mi infancia fue un sueño"
Toda la vida es un sueño...si se sabe soñar. Es una preciosa entrada que nos hace evocar muchas cosas. El lugar donde nos quedamos, que siempre es la memoria.
"El potaje en puchero, las torrijas de leche, la maicena antes de acostarnos, ¿dónde, dónde están?"

Port

Nelken Rot dijo...

Queridos amigos,

Este relato surgió de pronto porque quiso salir, la reflexión de que ordeñar ya no es un oficio sino una máquina fue el motor de arranque de todas las nostalgias. El tiempo es irreversible y con los años, es verdad, somos más conscientes.

No ando triste sino que guardo tesoros como dice Rosa que pertenece al mundo rural a esa maravillosa infancia que pude vivir, y que de vez en cuando brota como el agua limpia de un arroyo de los de antes.

La respuesta a dónde están los flanes de 8 huevos, y las gallinas malolientes, sin duda, la tengo muy clara. Todos están juntitos en mi corazón, la única que se me escapa y no contaba con su pérdida, es la dichosa lactasa, pero eso solo es admitir la aceptación de su ausencia.

Feliz domingo a los tres, gracias por tan lindo despertar.

Nelken

Mari Carmen Azkona dijo...

Mi querida flor, tengo un magnífico compañero que se llama Aster, está dotado con el valor de la palabra justa y certera. Una vez, comentando alguno de mis textos, me dijo que la verdadera patria se encuentra en la infancia, y creo que tiene toda la razón. Es el lugar dónde hayamos los recuerdos más intensos. No pierden los colores, los sabores, ni los olores. Están aderezados con cariño y sabias lecciones. Tú tuviste a tu lado a Max, yo a Teresa...

maravilloso y hermoso texto, Nel. Buscar la fortaleza en la infancia para afrontar el futuro y hallar la paz. Yo también soy una niña rebelde...Quiero ir contigo a la poza a escuchar croar a las ranas, a mirar la vía láctea, a tirar cantitos y pedir deseos: ...

Besos de tierra y de algodón

ALEJANDRO PÉREZ dijo...

Nel, tienes que encontrar la semilla de la paz donde sea, porque no la has perdido, tú no. Con tu Hilo y tus cosas de siempre, la paz va contigo y la transmites en estos textos tan conmovedores. Me has transportado al horizonte altanero de la Sierra de Casillas, y desde allí he divisado tu Valle del Tietar sin perder de vista mi Alberche, mi Valle de Iruelas. Allí han florecido esas semillas, nunca olvidades, en los cofres del recuerdo. Gracias por quitarme la barba y la pátina del tiempo.

Besos, guapísima.

Alex

Manuel dijo...

Querida Nel: La naturaleza dotó a la especie humana con ciertos privilegios que sustituían otras tantas carencias.

Uno de sus regalos fueron las abuelas. Si, "Las"; porque ellos, "Los", muchas veces tenían otras cosas que hacer, aunque también estuvieron alli, al lado de nuestros sueños asustados de niños.

Las abuelas se van muriendo y no han dejado sustituto. Se van cayendo de nuestras vidas a la vez que se derrumba la casa del pueblo; a la misma vez que desaparecen las gallinas con su mal olor y sus huevos de yema rojísima.

Y los hijos de nuestros hijos caminan sobre los rombos grises de las aceras. Sus recuerdos de aromas, de colores, de sonidos, serán otros recuerdos. Los nuestros solo habitan el cerebro que los vivió.

Un beso.

Nelken Rot dijo...

Hola chicos,

Perdonad que no haya contestado pero mi alergia a las arizónicas me ha tenido muy tocada y con poca energía. Hoy que llueve resucito como los niscalos, o tal vez ellos funcionan al revés, bueno da igual.

Mariatxu, si la patria es la infancia entonces, y sólo entonces, me podré reclamar nacionalista, en cualquiera de las otras situaciones seguiré siendo ciudadana del mundo, jeje.

Cuidar de la infancia de los peques es sembrar las semillas de paz para el futuro. Siempre tiemblo cuando veo a niños armados, qué harán cuando sean mayores donde encontraran la paz interior con una infancia tan agresiva????

Venga que hoy estoy con energy, y os contesto a cada con un comment.

Besos corazón de algodón

Nel

Nelken Rot dijo...

Querido Alejandro,

Me encanta que reconozcas los paisajes castellanos, esos que me dieron alas para crecer e inventar juegos. Esos que sin saber compartimos a un lado y al otro de la sierra de Gredos.

Mi infancia es semilla para la paz, y por eso, sin ser muy consciente, trabajo con los cuentos. Me emocionan todos los lunes mis mujeres grandes que vienen dispuestas a dar lo mejor de sí mismas para aprender a contar cuentos para sus nietos, a los chavales del cole.

Contando cuentos me doy cuenta enseguida de los niños que no reciben afecto en sus casas, por cómo se mueven inquietos, por cómo responden, y ahí estoy plantando semillas de paz, abrazando al mundo en el que quiero vivir.

Somos Hilo que une el pasado, y el futuro. Apostando por un presente de paz todo se retroalimenta, la vida es una cadena.

un super abrazo

Nelken

Nelken Rot dijo...

Buenos días Manuel,

Me parece tan bello como cierto lo que nos cuentas:


"Las abuelas se van muriendo y no han dejado sustituto. Se van cayendo de nuestras vidas a la vez que se derrumba la casa del pueblo; a la misma vez que desaparecen las gallinas con su mal olor y sus huevos de yema rojísima".

Ese tiempo irreversible es un saco que olvidamos con las rutinas. Hace falta ponerse malito y dejarse de teles para recuperar esas vivencias, o ir al campo a andar y entonces la memoria nos lo devuelve todo junto como regalo.

Existen alternativas al consumismo atroz, y hay padres, aunque pocos, que deciden irse a vivir al campo para que sus hijos tengan una infancia como la que tuvimos nosotros (yo en verano y semana santa). Muchas veces querer es poder, aunque nadie diga que es fácil, pero existen, yo tengo amigos que lo están haciendo.

Y nada mi Manuel, que mis abuelos también fueron joyas doradas para mí, e imagino que a muchas personas les habrá pasado igual. Aunque pudieran haber sido padres autoritarios, con los nietos abrían sus corazones.

Mi abuelo paterno me abrió las puertas del campo: exploramos las charcas, los riachuelos, recogimos espárragos, poleo, criadillas, níscalos, pamplina. Cazábamos lagartos, grillos y hormigas con alas para meterlos en un bote.

Encontrábamos fuentes y las poníamos nombre. Poníamos nombre a todo: a las plantas, a las piedras,a los depósitos de agua...

Nos enseñó a mirar el cielo y saber si al día siguiente haría calor o no, a cambiar el rumbo de los pájaros... tantas cosas.

Y mi otro abuelo me abrió las puertas a la literatura, me compraba tooooooodos los libros que yo quería, porque amaba el arte, el flamenco, la historia y la vida.

Así que en mi caso no puedo dejar que se diga que los abuelos no contribuyeron con afecto y sabiduría porque también me ofrecieron son manos curtidas bajo el sol para construir mi personalidad.

A ver si un día de estos, hago algún relato donde aparezcan y así los disfrutáis un poco.

un abrazo

Nel