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lunes, 11 de enero de 2010

Bon jour Alice in LalaLand

Bon jour belle,
mastico tierra y me acuerdo de ti
Alice in LalaLand
resbalo por la nieve cálida de los Jiménez
y encuentro
todas las llaves,
todos los bolsos perdidos,
Alice in LalaLand.


Bon soir,
mágica en el paraguas del tiempo
tan inmadura Alice, sweet heart.

Retrocedo ante las galletas cautivas
que se esconden en el tarro de lo profundo.
Esta vez, princesa, quiero escalar,
derretir laberintos de cristal.

Dejo tus zapatos junto a la almohada
ahora ando descalza como Ariadna,
que duermas bien Alice in LalaLand.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Deberías contar al personal a que Alicia te refieres dado que estamos rodeados de Alicias...en cualquier caso eso no es relevante.
No cabe duda de que estos días pasados has estado "viajando" por un mundo muy personal. Bueno, muy personal es todo lo que escribimos, se entienda más o se entienda menos. A mi todo lo que me saque de la realidad me gusta. Tu poema tiene esa virtud. Dado que llevo varios días con una realidad llena de toses, fiebres y problemas, supongo que cualquier lugar imaginario es bueno para descansar. Welcome. Me gusta esta entrada.

Port

Nelken Rot dijo...

Bon soir,

La Alicia a quien me refiero es la Alicia de Lewis Carroll, que port cierto, era su pseudónimo, su nombre burocrático era Charles Lutwidge Dodgson.

Hay algunos pasajes de Alice in wonderland que forman parte de mi territorio creativo y vivencial. Por lo tanto, a la Alicia que me refiero es a la que llevo dentro de mí.

Imagino que a todos os habrá pasado alguna vez con algún personaje o poema que de repente la experiencia lectora termina siendo registrada casi como una realidad vivida. Algo así le pasó a Alejandro con el relato del radiador, me hizo mucha gracia tu comentario, por cierto.

Por mi parte pongo un ejemplo que me parece muy evidente de lo que intento explicar: cuando vivía en Holanda leí Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite, al volver a Madrid y pasar por el Ateneo, recuerdo que llovía y me dije, deja de mirar al suelo que si pasa MAriana, (personaje de la novela), no la vas a poder ver. Al rato me di cuenta, y me eché a reir. Alicia, como Penélope o Ariadna son arquetipos con los que me identifico y suelo jugar con ellos cuando escribo. Me encanta deconstruir inventado virtualidades nuevas.

Emilio dijo...

Si, sin duda, la gran Alicia de la literatura es la de Lewis Carroll. Ya conoces mi gusto por los personajes que en el libro aparecen y la hiper-realidad descrita. Porque es a través de los comportamientos diferenciados y sorprendentes como podemos confrontar mejor nuestra individualidad con el conjunto de los usos y normas sociales. Alice in Wonderland, al igual que El Principito, no son libros para niños, sino, fundamentalmente, para adultos, porque sólo estos son capaces de tener la capacidad crítica y el distanciamiento necesario para observar la realidad en su doble vertiente: la que se ofrece como marco de conductas y la que tiene que fusionarse (necesariamente para no ser "outcasts", marginales) con nuestro interior. Tu poema ( ahora que ya has aclarado para todos una premisa básica) tiene, pasado un mínimo - y bien resuelto - proceso explicativo, ese valor de la confrontación de lo exterior con tu interior, esa idea de contraposición de estancia y viaje diario y ese desdoblamiento que en todos se produce - en el creador más - cuando mira y se mira, observa y se observa...y al final se saluda con una sonrisa porque no es cuestión de machacar ni machacarse cada dia. Aparte de esto, formalmente, es de mi gusto.
Aunque de mi gusto también sean Quevedo y Lope. Que nada excluye nada.

Port

Santiago Solano dijo...

Me gusta este poema de aquí y de allá, de casa y de ninguna parte. Estas palabras que traen música desde un cielo sin sol.

Nelken Rot dijo...

sí, Santiago de aquí y allá y con música de neverland.

Aprovecho para recordar la trama del inicio de la Aventuras de Alicia en wonderland, pasaje al que hace referencia esta entrada: (La traducción que he encontrado en internet es pésima, tal vez por eso, podríamos animarnos a buscar el libro original y releerlo)

Alicia intrigada por Blanconejo, sus prisas y su reloj decide seguirlo, pero cuando entra en el tronco cae al interior de un abismo sin fin. Para fortuna su caída se amortigua por la apertura de la falda, que le hace la veces de paracaídas. Alicia no deja de seguir al conejo, pero éste no para un solo instante. La niña curiosa, llega cerca de una caja muy pequeña y está para abrir la puerta, cuando la cerradura lamenta de haber estada aferrada para la nariz. Alicia tiene algún dificultad también a entra, siendo la puerta mucha de apretón, pero la cerradura la invita a tomar la botella que halla sobre la mesa de la habitación.

Alicia, también con algún titubeo, bebe el contenido de aquella botella y de golpe empieza a empequeñecer. Una vez entrada, le viene pedido de comida una galleta y cuando Alicia la prueba empieza a ponerse así mayor, que su cabeza llega a tocar el techo de la casa. Alicia está desesperada porque entiende que, no puede más salir de la puerta, permanecerá atrapada dentro aquella casa, así empieza a llorar talmente tanto, de inundar toda la casa. Decide de beber un otro sorbo de la botella y así devuelve pequeña.

Mari Carmen Azcona dijo...

Nelken, interesante poema como todo lo que escribes. Me gusta porque es distinto, porque es la impronta de tu forma de ver y sentir la literatura.

Emilio, tranquilo que no voy a hablar del “Principito” pero sí de “Alicia en el país de las maravillas”, aunque lo que digo de uno se puede aplicar al otro.
Es curioso lo que pasa con Alicia, si te gusta de niño, te entusiasma de adulto.
Con conejos blancos que hablan, con sombrereros locos, con reinas que cortan la cabeza, o con arquetipos de la realidad que nos rodear, en la época de adulto, Alicia tiene la capacidad de acompañarnos durante toda nuestra vida.

Un abrazo.